No sé si para bien o para mal pero a esa edad (ya tenía 15) no aceptaba sentimientos negativos en mí, así que la tristeza no me duró mucho. Tan solo un mes después me enteré que volvió con su ex, con la que ya había tirado y que después de un mes volvieron a terminar y luego de otro mes empezó a salir con una tipa de la que siempre nos burlábamos en el cole y que también tiraron. Ocupé mi tiempo con actividades extracurriculares, no siempre eran sanas, pero lo ocupé hasta que acabó el año escolar, llegó el verano, completamente adolescente, volví al cole para mi último año, el cual fue completamente adolescente también y volvió a llegar el verano. Ya tenía 16. Me sentía vieja y estaba de moda el Hi5 así que me puse a buscar a los amigos de antaño, incluído el ex. Le mandé un mensaje afectuoso pero serio al cual respondió del mismo modo por lo que supuse que en el último año había cambiado. De él no supe absolutamente nada hasta ese momento, no nos habíamos visto ni llamado, sus amigos sabían que no quería saber nada de él asi que no hablaban de él frente a mí. Lo vi por única vez en la fiesta de prom, se me había roto una de las tiras de ese vestido magnífico que usé una sola vez y, desesperada, agarré a la primera persona que tuve al lado para pedirle que me ayudara a coser la tira (las mujeres pensamos en todo, había llevado aguja e hilo en mi bolso de mano), era una chica con la que estuve en la misma sección en 3ro de secundaria, 4to y 5to nada que ver. Ella, sorprendida, me ayudó pero se le caía la orquídea, acababa de llegar, su cabello molestaba, caos. Así que alzó la mirada para ver si encontraba a alguien que la ayude con su cabello, orquídea y bolso, llamó a Fer, a mi Fer. Estaba con un sobretodo negro, había crecido, la cara le había cambiado, ya no parecía un chiquillo, era un hombre, la ayudó y no nos saludamos. Ese era el único contacto y luego, el Hi5 y a partir del Hi5, el MSN. Nos agregamos y conversamos, quedamos en encontrarnos en el cole para recoger libretas. Así lo hicimos, luego caminamos bajo una avenida llena de árboles que nos cubrían del sol, llegamos a su nuevo departamento en el que seguía viviendo, practicamente, solo y nos tiramos en la cama como en los viejos tiempos, me hizo masajes y ahí creí que se intentaría sobrepasar pero no, jugamos con la Pc, me sirvió comida con un delantal que hice que se pusiera y me acompañó a casa. Fue un encuentro bizarro. Seguimos saliendo y me fui acostumbrando a su nueva actitud, agarramos y se convirtió en lo habitual, caminábamos de la mano porque abrazados daba calor, dormíamos juntos después de almuerzo, era como un enamorado pero informal.
Paralelamente, como todos los veranos, conocía gente de todas partes. En el cumpleaños de una amiga me presentaron a un tal Juan, un chico simpático pero normal, un poco distinto al resto, se vestía bien. Juan no era para nada del otro mundo, cuando me pidió el correo dudé pero terminé dándoselo. Cuando me hablaba lo saludaba y respondía si me preguntaba qué tal pero ahí nomás hasta que mi amiga me dijo que le gustaba y me entró la curiosidad. Empecé a seguirle la corriente con las conversas y me parecieron interesantes, nos mandábamos música, teníamos gustos compatibles y hablábamos de todo. También salía con él. Un día en mi casa, viendo tele le di un beso y me preguntó si quería estar con él, le dije que sí, se fue.
Una vez sola me di cuenta: ¡Ups! ¡¿Y Fer?! Ahora, ¡¡qué hago!!
jueves, 17 de enero de 2008
Verano
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lunes, 14 de enero de 2008
El final
Apenas llegué a mi casa lloré y lloré y lloré y lloré. Fue la primera vez que lloré durante horas seguidas. A esa edad no sabía por qué lloraba pero ahora entiendo que fue porque me sentí reducida a un pedazo de carne, cosa que no está nada mal cuando uno reduce a un pedazo de carne al otro también pero yo lo había llegado a querer, había sido seducida y había terminado enamorándome de un tonto que lo único que quería era tirar conmigo. Qué idiota para haber pensado que me habló de un día para otro porque creyó que era interesante, enigmática, de inocencia oscura. Me di cuenta de que todas las palabras de amor que me dijo no eran nada más que el floro barato de un chico de 16 años que tuvo la suerte de encontrarse con una chica de 14 que nunca en su vida había sido gileada. Cuando dejé de llorar y estuve calmada pensé: 'Ya fue, le voy a decir que ese día no estaba preparada, que era porque no teníamos condón y que podemos intentarlo nuevamente'. Ese fin de semana me encontré con unas amigas para hacer una maqueta y ellas empezaron a hablar sobre sus enamorados, yo siempre era la reservada del grupo, me gustaba escuchar sus historias y sentir lo emocionadas que se ponían cuando hablaban de sus besos con lengua y de cómo sus enamorados querían subir la mano más arriba de la cintura pero sin conseguirlo y mientras tanto yo pensaba que si supieran todo lo que Fer y yo habíamos hecho y lo que estábamos a punto de hacer cuando habláramos y le dijera que estaba lista. No pude aguantar la curiosidad de saber sus opiniones sobre Fer y yo tirando, no pensé que me fueran a decir que no lo haga porque Fer les caía bien y era todo un galán, pensé que me animarían y me darían valor para hacerlo.
- Chicas, no les creo nada.
- ¡¿Qué?! - exclamó una de ellas con cara de indignación.
- ¿Cómo que no nos crees? -pregúntó la otra mientras examinaba mi rostro para saber qué-me-pasaba para andar diciendo ese tipo de cosas.
- Ya, ya, no se alteren. ¿Cuánto tiempo están con Alonso y Pancho? - así se llamaban sus respectivos enamorados.
- Yo voy 10 meses con Alonso.
- Y yo 1 año con Pancho, ¿qué tiene? ¿qué es lo que no nos crees?
- Tú vas 10 meses y tú 12 y ¿me van a decir que en más de medio año no han pasado de los besitos? - mientras las miraba con la cara de complicidad más cómplice del mundo para que me lo cuenten todo.
Se pusieron rojas, una de ellas miró al piso y la otra, molesta:
- Sí, nada más, no somos putas.
- Jajajajajaja - mi otra amiga se rió para romper el hielo pero era obvio, ambas habían ido mucho más alla de la segunda base; sin embargo, la primera seguía encolerizada.
- No, no te rías ¿acaso es mentira? Yo no soy la perrita de nadie, los otros enamorados que tuve intentaron sobrepasarse conmigo y por eso terminé con ellos. Ahora sigo con Alonso porque me trata como una señorita, no necesito pasar de los besos o de la cintura y tu comentario, Paz, me parece idiota, ¿cuánto tiempo estás con Fer? ¿Un mes? ¿Dos? Máximo dos y ya crees saber todo sobre parejas, supones que es obvio que nosotras ya tiramos, ¿no? o qué, ¿qué insinuabas? Ah.... ¡ya sé! Era una de esas preguntas curiosas, ¿no? Ya lo entendí todo. Quieres tirar con Fer porque 'lo aaaaamas' y quieres saber qué opinamos pero en el fondo te sientes una puta porque si supieras que lo que vas a hacer está bien no tendrías por qué preguntarnos... ¡¡¡Me revientas la paciencia!!! A veces puedes ser tan pesada...
- Pero... yo no pregunté nada - más roja no podía estar-.
- Ya deja de hacerte la inocente Paz, ¿por qué te pones roja si no escondes nada? ¿sabes qué? Solo termina... termina con él de una vez.
- Eh... Paz, no la escuches, está de mal humor - estaba nerviosa, algo estaba mal, lo presentí-.
- No... ¿qué pasa? ¿por qué me dices eso?
- No la escuches, está loca, vámonos de acá, seguimos en mi casa la maqueta...
- ¡No! Ustedes saben algo y no me lo quieren decir, ¡hablen!, ya me di cuenta, ¿han hablado de algo con Fer?
- Mira Paz... disculpa, ¿ok? No estoy molesta contigo sino con ese idiota que tienes como enamorado. Estuvo acá antes de que llegaras, vino con una cara terrible, como si se le hubiera muerto alguien y tuvimos que convencerlo para que nos dijera lo que le pasaba hasta que al fin lo soltó. Este lunes va a terminar contigo, va a esperar hasta el lunes porque quiere que 'pases el examen de mate y tengas un fin de semana tranquilo'. No sé qué habrá pasado entre ustedes dos pero no nos quiso decir, su excusa fue que 'ya no es lo mismo' y tú ya sabes que esa es la excusa más pobre que un hombre puede dar, no creí que dijera eso, parecía distinto. Lo que me llega de ti, Paz, es que hayas estado con ese tipo incapaz de dar razones de verdad. Lo que nosotras pensamos es que quiere tirar contigo y tú no quieres y se fue a buscar a una tipa que le abra las piernas como a él le gusta. Y ahora vienes con esa carita de inocencia a decirnos que no nos crees que no hemos pasado de besitos y la verdad que después de todo lo que te acabo de contar espero que no hayas estado pensando en tirar con él. Prometimos no decirte nada pero es que no me pude contener, tienes que terminar con él.
- Paz, disculpa que haya tratado de que no te enteres pero tú sabes que no me gustan los problemas, pensé que se las arreglarían solos pero mira, si alguien va a terminar con alguien, que seas tú.
- Sí... tienen razón, qué pava, ya fue, ya fue - una lágrima cayó al suelo y me abrazaron-. Ya no se pongan tan cursis que me van a hacer llorar, ya se cagó ese idiota.
- ¡Eso!
- ¡Abajo los hombres! Jajaja...
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miércoles, 9 de enero de 2008
Primer enamorado - pt. 2
Los días pasaron y él me llegó a gustar, no es que antes no me gustara pero fue distinto, como que me empezó a hacer ilusión. En el bus pensaba que era el mejor enamorado que podía tener porque creía que no aspiraba a nada mejor, supuse que debía sentirme afortunada de que se quedara conmigo todas las tardes a diferencia de otros enamorados que máximo se quedaban con sus enamoradas unas horas después del cole, pero él no, el me acompañaba a todas partes, a mi casa, a mi academia, etc. Además, me había presentado a todos sus amigos e íbamos a sus casas así que yo me sentía como 'la' chica de Fernando (así se llamaba). Suena mal ahora que lo pienso... 'de Fernando 'de Fer''... pero en ese entonces me encantaba sentirme asi, tan suya, me sentía importante. Con él tuve mis primeras citas 'en parejas' y... sobre el tema del toqueteo, me llegó a gustar, incluso llegué a decirle que lo haga más fuerte y le daba indicaciones sobre cómo me gustara que me lamiera... y mordiera...
Un día me convenció para que nos 'tiremos la pera'. En mi casa nadie se enteraba de mi vida porque les llegaba mi existencia, podía desaparecer una semana si quería y con tal que llamase no pasaba nada y él, como ya conté, vivía solo, prácticamente.
Nos encontramos a unas cuadras del cole y fuimos a su casa. El plan era super sano: tomar desayuno, ver una o dos películas, ordenar algo para almorzar y después ver qué había, tal vez ir a casa de uno de sus patas o invitarlos para tomar algo. Cumplimos hasta la mitad, osea, tomamos desayuno, vimos una película y ordenamos algo para almorzar. Comimos riquísimo y harto y nos tiramos de panza a su cama, se sentó y empezó a hacerme masajes en los hombros, después en la espalda y la cintura, estaba relajadísima. Lentito, me fue quitando el polo, ya sin polo me volteó y se puso encima de mí y empezó a besarme el cuello. Era todo un caballero, para tener 16 años estaba más que bien y como antes había estado ilusionándome sentía que estaba 'enamorada', asi que dejaba que siga, me quitó el sostén y sus besos empezaron a descender hasta mis senos, los besaba con delicadeza al comienzo pero sus ganas iban en aumento. Por supuesto que yo no quería quedarme atrás, no lo quería perder, por ende, quería también tener un rol activo para que no crea que estaba con una santa. Le decía que me mordiera los pezones y que me cogiera las tetas más fuerte, con esas palabras, sabía que eso lo excitaba y tenía razón, se movía más fuerte, tenía una cara como fuera de sí. Él estaba sobre mí y nos frotábamos, me excitaba un montón sentir su pene duro a través de la ropa. De lo más brusco me desabotonó el jean e intentó bajarme el cierre pero no lo dejé. O sea... estaba excitada, me gustaba sentirlo y hasta ese momento también estaba ilusionada pero después qué iba a pasar, nos forcejeábamos y solo pensaba que no podía ser. No tenía nada que ver con que no teníamos condones ni con que pensara que estaba mal, solo que no podía ser, me agarró de sorpresa y mi instinto fue negarme pero él insistía con el forcejeo. Todo el rato forcejeando, ni una sola palabra, era obvio que yo no quería nada y que él estaba dispuesto a obligarme así que tampoco había mucho que decir. Seguimos con el forcejeo y obviamente él ganó. Logró meter una de sus manos a través de mi jean y mi calzón, a pesar de que no logró bajarme el cierre, y me metió un dedo.
- No te depilas, ¿no?
- No, imbécil, saca tu mano de ahí - le dije refunfuñando, colorada, violada, herida-.
No fueron las palabras. De hecho, fue mi rostro. De un salto se puso de pie y me vestí más que rápidamente. Le dije que se vaya y lo acompañé al paradero porque el imbécil no sabía qué carro tomar.
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